co9.jpg * Doogal, aventuras peludas es una película infantil que llega hasta nosotros sumamente diluida, tanto que sus probables méritos son casi inapreciables

No entiendo: en Doogal, aventuras peludas (Doogal, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, 2006), de Dave Borthwick, Jean Duval y Frank Passingham, un grupo de animales trata de detener a un malvado resorte con bigotes, antes de que éste congele todo el orbe con sus poderes. Pero es precisamente en estas épocas aciagas de calentamiento global cuando un villano de ese tipo es más necesario que nunca, para que vuelva los polos a su estado original. Habría sido mucho mejor que los guionistas pensaran en un futuro de lava y temperaturas infernales para el mundo, que es precisamente lo que le ocurre a la Tierra, sin que ningún perro lanudo pueda hacer nada para salvarla.

El caso de Doogal además es sumamente desventajoso: originalmente estaba hablada en francés, con intervenciones de actores de prestigio, como Judi Dench en el rol de la narradora y Ian Mckellen en el papel del mago bueno Zebedee (una referencia a El Señor de los Anillos, donde este actor interpretaba al mago Gandalf, pero que lamentablemente se pierde en el camino, porque en México nunca escuchamos la voz de Mckellen).

Pero al parecer los ejecutivos detrás de Doogal han preferido que para su comercialización en el resto del mundo la cinta sea doblada totalmente al inglés, con un elenco de actores de Hollywood, lo cual incluye a Jimmy Fallon (el conejo Dylan), Whopi Goldberg y Chevy Chase (el Tren), además de William H. Macy, que interpreta al más rico de los personajes, Brian, un caracol, el protagonista de la mejor escena del filme: cuando los animales se disponen a enfrentarse con los esqueletos guardianes del templo, el caracol se lanza a la carga, según él a la carrera, cuando en realidad se mueve casi en cámara lenta, mientras sus compañeros lo miran extrañado; además, el caracol tiene un romance con el personaje de Goldberg, la vaca cantante Ermintrude, pero no me pregunten cómo, como si se tratara de la rana René y Miss Piggy en tierras de Jim Henson.

Sin embargo, el recalentado de Doogal no termina ahí, después de su metamorfosis del francés al inglés: una vez en tierras mexicanas se le ha sometido a la voluntad de un grupo de doblaje mexicano, aunque habría mejor que decir doblaje defeño, lo cual provoca que la mayoría de los personajes tenga un habla propia del centro del país, lo cual no podría ser más excluyente. Es decir: el aceite con el cual han cocinado Doogal al final está muy quemado, por lo que el producto que llega hasta nosotros, los espectadores mexicanos, ha sido manoseado en varias partes del mundo.

¿Qué queda del original en este Doogal, aventuras peludas, que se exhibe en las salas hermosillenses? Es muy difícil saberlo. El humor tan elemental de la película, ¿será fiel a la versión francesa, o también los ejecutivos habrán decidido adaptar su contenido a nuestros supuestos intereses, que según su visión se reducen al chiste burdo? La dudosa comicidad de la cinta está en deuda con un montón de películas populares, como la ya citada El Señor de los Anillos, cuando el conejo Dylan llega hasta el primer diamante e imita la voz de Gollum. Ese mismo defecto es el que hizo de Shrek 2 una secuela tan fallida, porque las referencias a otros películas, para parodiarlas (una técnica de la que se ha abusado tanto, por ejemplo en la serie Scary movie) terminan por envejecer: en unos años los chistes de Doogal no serán comprendidos por nadie.

Es una pena porque si algo hace falta en el mundo de la animación, es alguien que sirva de contrapeso a los intereses de los estudios Disney, Pixar y Dreamworks, que han impuesto sus intereses a lo largo de décadas (sobre todo en el caso del primero, que es brevemente mencionado por uno de los personajes de Doogal). Pero Doogal está muy lejos de representar una alternativa con respecto a ese cine, porque sus personajes y sus situaciones están muy lejos de superar a sus competidores: al contrario, cualquier película de los grandes estudios mencionados está por encima de esta aventura de perro desobediente. Nada tiene que hacer Doogal al lado de los mejores largometrajes del género, como el díptico Toy story o Bichos.

No ayuda que el héroe de la película, el Doogal mentado (en la versión gringa a cargo del niño Daniel Tay), sea un incompetente, un atenido y un flojonazo que no nunca se acomide. El desastre ecológico que amenaza con convertir a la Tierra en paleta, es precisamente provocado por el buen Doogal, cuando en su pueblo idílico se estrella contra un carrusel y libera al mago Zeebad (Jon Stewart). Su dueña, la niña Florence (Kylie Minogue), se queda atrapada en el carrusel, que se congela de inmediato, así que los animales se encaraman en un tren con ojos para tratar de solucionar el problema en tiempo antes de que la pobre niña se muera de hipotermia. Más tarde, cuando los animalejos tratan de eludir las trampas de un templo que pretende ser prehispánico, el perro deja caer un chicle masticado y despierta a los vigilantes del lugar. En resumen: con Doogal es una tras otra.

A todo lo anterior hay que agregarle un extraño gusto por los chistes escatológicos, como cuando el conejo dice: “¡Me hice popo!” después de un susto, o un alce suelta sus flatulencias a la menor provocación.

Sin embargo, a pesar de que es una cinta comprometida por intereses más comerciales que artísticos, Doogal tiene una historia entretenida, con una animación que técnicamente se apunta algunos aciertos y una escena final emocionante, cuando se lleva a cabo el encuentro final entre paladines y el temible villano. Para concluir, hay que comentar que el cine francés de animación sigue en deuda con su público.



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